Factores nutricionales y de estilo de vida que intervienen en la Osteoporosis

La osteoporosis es un trastorno no sólo médico, sino también ecológico, que se ha convertido en uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial, afectando principalmente a las mujeres. En la etiología de esta enfermedad participan factores genéticos, ambientales, hormonales y nutricionales. A continuación analizaremos algunos factores nutricionales y de estilo de vida.

Comenzando por las recomendaciones dietéticas diarias de calcio, la Academia Nacional Americana de Ciencias indica que para mujeres mayores de 50 años, es de 800 mg al día, que se deberían elevar de un 50 % a 100 % en mujeres sin Terapia Hormonal Sustitutiva (THS), lo que supone una ingesta cálcica de 1.200 mg a 1.600 mg. Generalmente se establece en 1.500 mg/día para así compensar la menor absorción intestinal de calcio y el aumento de su eliminación producto del déficit estrogénico. En el caso de las mujeres con tratamiento hormonal los requerimientos son menores en comparación con las que no toman estrógenos, estando por el orden de los 1.000 mg/día (Heaney et al., 1978 en Terán y Teppa, 2003; Lanchares y González, 2004).

Reid et al. (1993) sugieren que la suplementación con calcio puede disminuir la perdida ósea posmenopáusica, mientras que la ingesta total de calcio durante la lactancia debe ser al menos de 1.300 mg/día para compensar la pérdida ósea en ese periodo. También se ha comprobado que los suplementos de calcio son más efectivos en las mujeres con ingesta baja de este mineral, edad avanzada y evidencia clínica de osteoporosis (Bris, 2004). La suplementación del calcio generalmente no presenta peligros y es bien tolerada, aunque en muy pocas ocasiones se pueden dar casos de estreñimiento, flatulencia o cálculos renales (Aular y Lizaso, 1988 en Terán y Teppa, 2003).

El uso de suplementos de calcio es necesario en las posmenopáusicas, ya que se ha mencionado que los requerimientos de este mineral se incrementan notablemente, incluso siendo mayores que en la tercera edad (1.200 mg/día), Díaz Curiel (2002) comprobó que los suplementos diarios de calcio de 1gr o más disminuyen la pérdida ósea en las mujeres con osteoporosis, además estudios sobre Densidad Mineral Ósea (DMO) de mujeres posmenopáusicas tratadas con suplementos de calcio sugieren que tales productos pueden producir un aumento de entre 1-3% de la DMO, dependiendo de la cantidad consumida, la región en que se determine la DMO y del número de años de posmenopausia (Haya et al., 2004).

La efectividad de los complementos de calcio aumenta cuando está asociada con la vitamina D. Es importante recordar que con el envejecimiento se produce una disminución en los niveles séricos de esta vitamina, lo que aumenta el riesgo de fractura por dificultad en la mineralización ósea. De manera que se torna necesaria la administración de suplementos de calcio y vitamina D, que pueden ser acompañados con la exposición al sol por 30 minutos al día para que se produzca en la piel la cantidad necesaria de la misma, que permita la absorción intestinal del calcio.

Por esta razón, es importante que consumir alimentos que son ricos en vitamina D, como la leche y sus derivados (mantequilla), unido a otros alimentos como cereales fortificados, yema de huevo y aceite de pescado. Las recomendaciones diarias de la vitamina D, para mujeres mayores de 51 años, son de 5 mg de colecalciferol, equivalentes a 200 UI de vitamina D, que se eleva razonablemente hasta 400 UI en pacientes con deficiencia o sin uso de Terapia Hormonal de Reemplazo (THR) (Heaney et al., 1978 en Terán y Teppa, 2003).

También hay que mencionar que una alimentación con altos niveles de sodio y de proteínas animales, incrementa significativamente la excreción de calcio por la orina, potenciando la pérdida ósea. El otro extremo también es perjudicial, ya que bajos niveles de proteínas plasmáticas encontradas en las personas con fracturas, indican un déficit nutricional global que incide más en la fragilidad de las personas mayores, aumentando la propensión a las caídas (Wayne, 2003; Lanchares y González, 2004).

El consumo excesivo de café parece incidir indirectamente en la masa ósea. Parece que el mecanismo de acción de la cafeína sobre el hueso se ejerce a través de los niveles hormonales. A nivel experimental se ha observado un efecto negativo indirecto de la cafeína sobre los osteoblastos y el remodelado óseo. También se ha observado un balance negativo a través de una pérdida urinaria mayor de calcio (Diez, 1998).

Los efectos de moderadas cantidades de alcohol sobre el metabolismo óseo y la osteoporosis son limitados, la mayoría de los estudios sobre este tema mencionan que la ingesta de alcohol no afecta a la masa ósea en las mujeres pre y posmenopáusicas, sin embargo algunos trabajos han mencionado que el consumo excesivamente alto de alcohol se asocia a hipocalcemia y a deficiencias en la absorción intestinal del calcio (Wayne, 2003).

La actividad física desempeña un papel importante tanto para conseguir un alto Pico de Masa Ósea (PMO) como para conservarlo, por esto se recomienda un estilo de vida más activo, disminuyendo el excesivo sedentarismo. El ejercicio debe estar ajustado a las condiciones físicas del individuo, de manera que en las posmenopáusicas se recomiendan ejercicios suaves y mantenidos en el tiempo, como por ejemplo las caminatas al aire libre.

Se sabe que hay una relación entre masa ósea y masa muscular, así la reducción de fuerza propia de las edades avanzadas más la inactividad producen cambios en la postura, falta de condicionamiento físico y propensión a las caídas, este último aspecto es crucial en la aparición de fracturas. Por esta razón resulta beneficioso el ejercicio, ya que la movilidad estimula los reflejos para la prevención de caídas, además se refuerzan los músculos a nivel de la columna vertebral lo que ayuda a mejorar la buena postura de la espalda (Peña, 1997).

Estudios en mujeres premenopáusicas demostraron el efecto de los ejercicios de levantar peso, al incrementarse en un año el 1% de la Densidad Mineral Ósea (DMO) lumbar. En general, los incrementos de masa ósea alcanzados mediante la actividad física continua no son muy elevados, oscilando entre 1,9 y 2,8% y subsisten sólo mientras perdura el ejercicio. Estas cifras no compensan la pérdida en las mujeres posmenopáusicas, sin embargo, se consideran como una ayuda valiosa para evitar cruzar el umbral de fractura (Seeman, 1998).

Finalmente, el conocimiento de la DMO es indispensable para detectar si la mujer está en riesgo de padecer osteoporosis para comenzar lo más pronto posible con el tratamiento de la misma. Este tratamiento es básicamente preventivo y puede comenzar a edades tempranas, ya que una vez alcanzado el PMO en el tercer decenio de vida, la masa ósea en cualquier edad siguiente es el resultado de la diferencia entre este valor máximo alcanzado y la pérdida de masa ósea que haya ocurrido desde entonces. Por esto, cualquier situación que aumente considerablemente el PMO del adulto, modificará el riesgo de desarrollo de osteoporosis en edades más tardías de la vida. Estas medidas pueden comenzar desde la niñez hasta la etapa de la madurez esquelética, y consisten en asegurar una cantidad adecuada de calcio y vitamina D con los alimentos, realizar alguna actividad física y corregir hábitos nocivos, como el excesivo consumo de tabaco, alcohol y cafeína (Navarro et al., 1991).

Fuente:

Flores, J (2007) Masa Ósea, adiposidad y estilo de vida. Un estudio bioantropológico en un grupo de mujeres posmenopáusicas venezolanas. FACES. UCV.

 

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