El agua, elemento indispensable para la vida

El agua es un líquido sin sabor, color, olor, es conductor de electricidad y está compuesto por 1 átomo de oxigeno y 2 átomos de hidrógeno (H2O). El agua es el denominador común de la vida. Es una sustancia vital para el ser humano, constituye del 60% al 75% de su peso corporal. El agua potable es la apta para el consumo humano, no debe contener ningún microorganismo, ni sustancia considerada patógeno, además debe tener las siguientes características:

  • Turbidez. DEBE SER TRANSPARENTE
  • Olor. DEBE SER INODORA
  • Color. DEBE SER INCOLORA.
  • Sabor. DEBE SER INSÍPIDA

Gracias al agua nuestro organismo realiza funciones vitales como:

  • Eliminar sustancias de desechos o toxinas del cuerpo.
  • Servir como lubricante, amortiguando el roce entre órganos y tejidos tales como: La médula, fluido ocular, secreciones de la mucosa del tracto-intestinal, respiratorio y genito-urinario.
  • Aportar flexibilidad y elasticidad a los tejidos.
  • Al encontrarse en cada una de nuestras células, realizar funciones vitales en los distintos órganos y tejidos del cuerpo humano.
  • Transportar oxígeno y sustancias nutritivas y hormonas a las diferentes células y tejidos de nuestro cuerpo.
  • Trasportar los productos de desecho del metabolismo a nivel de la piel, pulmones, riñones e intestinos y los elimina a través de mecanismo de excreción tales como: El sudor y la transpiración, expulsión de vapor de agua contenida en el aire, expulsión de orina y heces.
  • Formar el plasma, que es el líquido mediante el cual la sangre puede fluir dentro de las venas y las arterias y transporta los nutrientes y los glóbulos rojos.
  • Mantener la temperatura corporal constante, especialmente durante el ejercicio. El agua celular absorbe el calor generado durante la liberación de energía en las células y lo transporta hasta la piel para que se disipe al ambiente. La secreción de sudor proporciona elemento necesario para la pérdida de calor por evaporación con el consiguiente efecto refrigerante sobre el organismo.

En el agua de nuestro cuerpo tienen lugar las reacciones que nos permiten estar vivos. El agua forma el medio acuoso donde se desarrollan todos los procesos metabólicos que tienen lugar en nuestro organismo. En el metabolismo, las enzimas necesitan de un medio acuoso para la realización de sus funciones, como transformación de las sustancias nutritivas que se utilizan para la obtención de energía y síntesis de otras sustancias necesarias. Además de eso, el agua es el componente principal de muchas células y como poderoso agente ionizante controla la distribución de electrolito en el interior de la célula y todo el organismo.

Por todas estas razones es que es de vital importancia tomar en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Tomar al menos dos litros de agua al día es importante para mantener el organismo hidratado.
  • Con el sol y el calor sudamos más y, consecuentemente, la pérdida de líquidos se incrementa. No debemos esperar a sentir sed para tomar agua. Hay que recordar que el organismo pierde agua por distintas vías. Este agua ha de ser recuperada compensando las pérdidas con la ingesta y evitando así la deshidratación.
  • Las dietas ricas en grasas y proteínas requieren más líquido para eliminar sus residuos metabólicos, ya que estos alimentos contienen menos agua que otros productos. Por ello se recomienda, aumentar el consumo de vegetales y frutas, preferiblemente enteras o en trozos, debido a su alto contenido de agua.
  • Café, alcohol y té son bebidas diuréticas que incrementan la eliminación de líquido por la orina. ¡Cuidado con ellos!.
  • Quienes padecen cálculos y arenillas en el riñón o infecciones urinarias deben beber más agua.
  • Infecciones, fiebre, vómitos y diarrea ocasionan una rápida pérdida de líquidos, a la que adultos mayores y niños son más sensibles, que hay que reponerlos de inmediato. Un preparado de farmacia o un suero casero (agua con una pizca de bicarbonato y unas gotas de limón y azúcar) ayudarán a restituir de inmediato el líquido necesario.
  • El envejecimiento va asociado a la desecación, a la pérdida de agua que afecta a todos los tejidos del organismo, pero especialmente a la piel. Una óptima hidratación desde la infancia ayuda a mantener una piel joven.
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