Cultivos agrocapitalistas vs. cultivos agroecológicos

El agrocapitalismo consiste en la conversión de la agricultura en una industria global, basada en el desarrollo y uso masivo de nuevas variedades de plantas capaces de duplicar la producción respecto a las variedades tradicionales; y también en el incremento de las unidades de producción a extensos monocultivos que demandan gran cantidad de agua, plaguicidas y fertilizantes. Todos estos recursos deben ser adquiridos a las grandes corporaciones, lo cual facilitó la expansión a escala global del agrocapitalismo.

Estas transformaciones se lograron a costa de la expansión de la frontera agrícola hacia los bosques y el uso de fertilizantes nitrogenados y plaguicidas sintéticos que degradaron los suelos cultivables, contaminaron las aguas y ocasionaron problemas de salud que incluyeron malformaciones congénitas, cáncer, entre otras. También son responsables de parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático y  una de las causas estructurales de la pérdida de diversidad biológica, constituyéndose en una manera errónea de relacionarnos con la naturaleza, de la cual depende nuestra existencia.

Unido a esto, hoy en día las corporaciones agrocapitalistas han promovido la investigación y el desarrollo de aplicaciones de la ingeniería genética para seleccionar características específicas de plantas y animales para incrementar la productividad, lo que puede provocar alteraciones en los nutrientes que aportan, además de ser un problema ético, porque llegan al extremo de patentar ciertas formas de vida como productos comerciales.

Pero no todo está perdido, para cambiar este panorama desalentador tenemos como alternativa la agroecología, definida como el estudio holístico de los agroecosistemas, o comunidades de plantas y animales en interacción con su ambiente físico-químico, y que han sido modificadas para la producción de alimentos y otros productos para el uso humano.

La agroecología permite proveer ambientes balanceados, rendimientos sustentables, una fertilidad del suelo biológicamente obtenida y una regulación natural de las plagas a través del diseño de agrosistemas diversificados y el uso de tecnologías de bajos insumos.

Resulta prioritario iniciar un proceso de reversión de los daños causados por el agrocapitalismo, inclusive, repensar la escala y las formas actuales de producción alimentaria. Así, para poder abandonar progresivamente los grandes monocultivos capitalistas, debemos volver al huerto familiar y colectivo, sembrar en las ciudades, fábricas, escuelas, plazas, universidades, casas y en los edificios. No abandonar la tecnología, sino reorientar su uso en función de otros objetivos amigos de lo humano y de la naturaleza, no del capital. Sembrar en pequeñas y medianas extensiones, hacernos poco a poco autosuficientes.

Además como ciudadanos debemos exigir al Estado el fomento de nuevas prácticas agrícolas y el abandono de las que fortalecen el modelo agrocapitalista. El futuro de la alimentación humana dependerá de como integremos y aprovechemos las diversas formas de los conocimientos tradicionales y técnicos, apartándonos de las alternativas peligrosas y construyendo un nuevo modelo agrícola sustentable que alimente a todas y todos, tomando como base la Seguridad y Soberanía Alimentaria de la nación.

Fuente:

Luz Nelly Díaz Puentes y César Aponte Rivero. Agrocapitalismo y Agroecología. EVAN. Folleto Informativo.

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