Actividad física para que nuestras niñas y niños crezcan sanos

Innumerables son los beneficios de la actividad física, acompañada de una alimentación saludable, para las más pequeñas y pequeños, entre ellos el sano crecimiento. Una niña y un niño que se ejercita con regularidad será un adulto con mayores probabilidades de conservar este importante hábito y por ende estará lleno de energía, con buena salud ósea y menos propenso a las enfermedades no transmisibles (diabetes, accidentes cardiovasculares, cáncer entre otras).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que las niñas y niños, así como las y los jóvenes con edades comprendidas entre 5 y 17 años hagan ejercicios 60 minutos diarios o más, de intensidad moderada a vigorosa. También sugiere que la mayor parte de la actividad física sea aeróbica (correr, caminar, desplazamientos, juegos) y que por lo menos tres veces a la semana se incorporen actividades vigorosas (flexiones, manejar bicicleta, nadar)  que refuercen músculos y huesos.

Para este grupo de edades la actividad física consiste en juegos, deportes, desplazamientos, actividades recreativas, educación física o ejercicios programados, bien sea  en el contexto familiar, la escuela o la comunidad.

Cuerpo y mente

La actividad física regular en la niña y el niño le ayuda a:

.-Desarrollar sanamente su aparato locomotor (huesos, músculos y articulaciones) y cardiovascular (corazón y pulmones)

.-Controlar su sistema neuromuscular (coordinación y control de los movimientos)

.-Mantener  un peso corporal saludable

.-Controlar la ansiedad y la depresión

.- Interactuar e integrarse socialmente porque les da la oportunidad de expresarse y les crea autoconfianza

.-Prevenir, por su comportamiento saludable, el consumo de tabaco, alcohol y drogas

.- Lograr mayor rendimiento escolar por el sentido de responsabilidad y disciplina que también crea el ejercicio y el deporte.

.- Desarrollar una mejor memoria porque implica atención y concentración

Riesgos

El no hacer ejercicios, combinado con una mala alimentación, favorece la obesidad en las niñas y niños y con ella la acumulación de factores de riesgo cardiocoronario, tales como tensión sanguínea elevada, hiperlipoproteinemia (aumento de colesterol y triglicéridos) y baja sensibilidad a la insulina (aumenta los niveles de glucosa en la sangre), entre otros problemas de salud.

Para niñas y niños inactivos, aunque por lo general en edad escolar practican Educación Física como asignatura una vez a la semana, se sugiere comenzar con una actividad física de intensidad moderada (caminar, bailar, trote suave) y aumentar gradualmente la duración, frecuencia e intensidad hasta llegar a la hora diaria como mínimo. Pero cualquier actividad inferior a ese tiempo, aclara la OMS, será más beneficiosa que no hacer nada en lo absoluto.

Consulta al médico

En caso de dolencias corporales que impidan hacer ejercicios o algún movimiento en específico se debe consultar al médico para determinar si la limitación es temporal o permanente y qué actividad puede o no practicar. Los niños y niñas con alguna discapacidad también deben acudir a la opinión de las y los especialistas para conocer el tipo y cantidad de actividad física adecuada según su condición. Por ejemplo, si se trata de discapacidad intelectual, actividades rítmicas y juegos para contribuir con el desarrollo psicomotor.

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