¡Gánale la batalla a la inapetencia!

Cuando nuestra hija e hijo no quiere comer, algunas inquietudes asaltan la mente de mamá y papá. ¿Estará enfermo? ¿Cocino mal? ¡No le gustan los vegetales ni las frutas! ¡No soy capaz de alimentar bien a la niña o el niño! ¿Qué hago? ¿Necesita vitaminas? ¿Está malcriado? ¿Tengo que obligarlo?

Una alimentación adecuada es importante para el óptimo crecimiento de las niñas y los niños por lo que las madres y padres deben procurarle una alimentación variada y balanceada (proteínas, carbohidratos, vegetales y frutas) como fuente de energía y nutrientes para el organismo y evitar el exceso de azúcar, sal y grasas.

De acuerdo con especialistas el apetito se relaciona con el crecimiento y el desarrollo. Desde que nace hasta los 6 meses de edad la leche materna exclusiva aporta lo necesario al organismo del bebé (proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas y minerales). Luego hay picos de crecimiento que pueden influir en las ganas de comer. A partir de 6 meses y hasta los 4 años la velocidad de crecimiento es alta y va de la mano con las ganas de comer, luego tal velocidad disminuye y puede suceder lo mismo con el apetito y así puede ocurrir con cada etapa. Ya entrando la adolescencia aumenta enormemente el deseo de comer, por lo que se debe tener cuidado con el abuso de alimentos con bajo valor nutricional (comida chatarra).

Es importante descartar con el o la pediatra un proceso infeccioso o cualquier otra patología en una niña o niño que normalmente come bien y de pronto deja de hacerlo.

Si la aversión es hacia ciertos alimentos como vegetales y frutas, es recomendable ofrecerles preparaciones variadas del mismo producto. Por ejemplo, preparar arepas de colores, mezclando la harina de maíz con un licuado de remolacha, zanahoria o  espinaca. Otra  buena opción son los divertidos pinchos de frutas o helados de frutas (Para ver más recetas visita la página web del Instituto Nacional de Nutrición www.inn.gob.ve).

Recordemos también, que en casa las personas adultas y los hermanos y hermanas mayores, son un ejemplo de conducta para la niña y el niño, por lo que se debe procurar respetar las horas de comida, sentarse en familia a la mesa y que todos y todas coman de forma balanceada. Si algún alimento saludable no es de su preferencia no lo rechace ni exprese repugnancia delante de la pequeña o el pequeño porque lo imitará.

No lo (a) obligue a comer si no lo desea, cuando tenga hambre él o ella sentirá la necesidad de alimentarse, siempre inculcándole la importancia de respetar los horarios de la comida. De igual forma, si dice estar lleno (a) respete su saciedad, ello le ayuda a mantener una actitud positiva hacia la aceptación de los alimentos. Tampoco convierta la comida en un premio o castigo para modificar cierta conducta.

Una alimentación balanceada aporta al organismo las vitaminas y minerales que necesita, por lo que si la niña y el niño comen adecuadamente no necesitará que el pediatra le recete suplementos. Por ejemplo, la vitamina C que ayuda a aumentar las defensas de nuestro organismo contra enfermedades está presente en frutas cítricas como la naranja, entre otros alimentos, mientras que el hierro, necesario para la producción de hemoglobina en el cuerpo la podemos encontrar en las carnes rojas y las leguminosas, entre otros.

Si crees que tu hijo e hija no come como debería  no te angusties, con amor, paciencia, buscando opciones y consultando especialistas si lo crees necesario ¡le ganarás la batalla a la inapetencia!

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